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Ciberseguridad para entidades sociales: qué proteger primero cuando no hay departamento de TI

Guía honesta para ONGs, fundaciones e instituciones eclesiales sobre por dónde empezar a proteger los datos digitales. Sin alarmismo, sin jerga, con un orden de prioridades realista cuando los recursos son limitados.

Mario Pablo Sánchez Barrón Fundador · Startidea ~ 9 min de lectura Para tercer sector

Cualquier organización que use tecnología depende de su seguridad digital. Lo que cambia, según el tamaño y los recursos, es qué proteger primero. Y para una ONG, una fundación o una institución eclesial sin departamento de TI, ese orden importa más que comprar herramientas.

Esta guía describe ese orden. Sin alarmismo, sin vender soluciones milagrosas, sin convertir cada riesgo teórico en una urgencia. Lo que sí hay es un mapa realista para entidades sociales que gestionan datos sensibles con presupuestos modestos.

Lo primero: entender qué se está protegiendo

Antes de elegir herramientas o redactar políticas, conviene tener claro qué tiene la organización que merezca protección. En una entidad social los activos digitales suelen ser de cuatro tipos:

  1. Datos de personas vinculadas a la entidad: equipo, voluntariado, donantes, socios, beneficiarios. En muchos casos incluyen categorías especiales del RGPD (salud, situación social, religión, datos de menores).
  2. Cuentas y herramientas operativas: el correo institucional, el drive compartido, la plataforma de gestión de socios, las redes sociales, la pasarela de pago para donaciones.
  3. Comunicaciones internas y externas: actas de juntas, correspondencia con organismos públicos, propuestas de proyecto, expedientes de subvenciones.
  4. Reputación: cualquier incidente que se haga público afecta a una entidad que vive de la confianza —donantes, financiadores institucionales, beneficiarios.

El orden de proteger no es alfabético: es proporcional al impacto. Una filtración de la lista de donantes daña la reputación. Una filtración de datos de menores acompañados por la entidad puede tener consecuencias mucho más graves, incluidas sanciones de la AEPD que han llegado a centenares de miles de euros también para organizaciones sin ánimo de lucro.

Capa 1: lo que toda entidad debe tener resuelto

Esto cubre, en proporción, el 80% del riesgo real. Son medidas que no requieren presupuesto técnico ni equipo TI dedicado.

Contraseñas: gestor obligatorio para todo el equipo

La causa más frecuente de brechas en organizaciones pequeñas no es un hackeo sofisticado: es una contraseña reutilizada que apareció en una filtración de un servicio de terceros.

La solución es un gestor de contraseñas para todo el equipo —Bitwarden, 1Password, Proton Pass— con planes para equipos a 3-5€ por persona y mes. Una vez instalado:

  • Contraseña única por servicio, generada por el gestor.
  • Acceso compartido a cuentas institucionales (redes sociales, herramientas de gestión) sin que nadie tenga que ver la contraseña real.
  • Cuando alguien deja la organización, se rota lo necesario sin pedirle nada.

La inversión es ridícula comparada con el coste de una brecha. La fricción inicial dura dos semanas. Después, el equipo no quiere volver atrás.

Doble factor de autenticación: en todas las cuentas críticas

El doble factor (2FA o MFA) hace que aunque alguien obtenga la contraseña, no pueda entrar. Hay que activarlo, como mínimo:

  • En el correo institucional (Gmail/Google Workspace, Microsoft 365).
  • En el panel del dominio (registrador y DNS).
  • En el banco y la pasarela de donaciones.
  • En las redes sociales corporativas.
  • En la plataforma de gestión de socios o CRM si la entidad la usa.

Preferiblemente con aplicación de autenticación (Authy, Google Authenticator, el gestor de contraseñas) o llave de hardware (YubiKey) en cuentas muy sensibles. Evitar SMS como segundo factor cuando se pueda, porque el SIM-swapping es real y barato.

Copias de seguridad reales

“Real” significa: copia que no se borra si se borra el original, que se prueba periódicamente, y que está en un sitio físicamente distinto al original.

  • Google Workspace / Microsoft 365: tienen papelera y versiones, pero no son backup. Si alguien borra una carpeta y pasan 30 días, no hay vuelta atrás. Existen servicios de backup específicos (Spanning, AvePoint, Synology Active Backup) que copian todo a un destino independiente.
  • Servidores propios o NAS: la regla 3-2-1 —tres copias, en dos medios distintos, una fuera de la oficina— sigue vigente.
  • Probar la restauración al menos una vez al año. Un backup que nunca se ha restaurado no es un backup, es una esperanza.

Formación: una tarde al año, con ejemplos reales

Casi todas las brechas en entidades pequeñas empiezan en una persona del equipo: un correo de phishing que parece auténtico, una llamada suplantando al banco, un enlace en WhatsApp.

Una sesión anual de dos horas con casos reales —no presentaciones genéricas— rinde más que cualquier inversión en herramientas. Temas mínimos a tratar:

  • Cómo identificar un correo de phishing (mirar el remitente real, sospechar de la urgencia, no hacer clic en enlaces sino escribir la URL).
  • Qué hacer si se sospecha que se ha hecho clic en algo malo (avisar inmediatamente, no esconderlo).
  • Qué información nunca se da por teléfono ni por mensaje, aunque parezca el banco o la administración.
  • Cómo bloquear el ordenador al levantarse.
  • Por qué el dispositivo personal donde se usa el correo institucional también es responsabilidad.

Capa 2: orden interno y cumplimiento RGPD

Esta capa tiene menos que ver con tecnología y más con procedimientos escritos. Es donde la AEPD mira primero si hay una inspección.

Registro de actividades de tratamiento

Documento obligatorio (Art. 30 RGPD) que lista qué datos personales trata la organización, para qué, con qué base legal, durante cuánto tiempo y a quién se comunican. No tiene que ser una obra maestra: hay plantillas gratuitas en la web de la AEPD.

Para una ONG suele incluir, mínimo:

  • Datos de socios y donantes (base legal: ejecución de contrato y consentimiento para comunicaciones).
  • Datos de voluntariado (base legal: ejecución de contrato).
  • Datos de personal laboral (base legal: contrato y obligación legal).
  • Datos de beneficiarios (base legal: depende del programa; consentimiento o interés público).
  • Imágenes en redes sociales (base legal: consentimiento expreso).

Contratos de encargado del tratamiento

Cuando la entidad usa proveedores que tratan datos personales en su nombre —Google Workspace, Mailchimp, la plataforma de socios, el gestor laboral, el banco— hay que firmar con cada uno un contrato de encargado del tratamiento (Art. 28 RGPD). Los proveedores grandes ya lo tienen redactado y solo hay que aceptarlo. Los pequeños a veces hay que pedírselo.

Sin este contrato, la organización es responsable solidaria de cualquier cosa que haga el proveedor con esos datos. Con él, las responsabilidades quedan delimitadas.

Procedimiento de gestión de brechas

Escrito, breve, conocido por dos o tres personas del equipo. Tiene que responder a:

  • ¿Quién detecta? ¿Quién avisa? ¿A quién?
  • ¿Cómo se contiene el incidente?
  • ¿Quién evalúa si hay que notificar a la AEPD?
  • ¿Cómo se comunica a las personas afectadas si procede?
  • ¿Qué se documenta y dónde se guarda?

Una página A4 es suficiente. Lo importante no es la extensión: es que exista antes de que pase algo.

Política de privacidad y cláusulas informativas

En la web, en los formularios, en las cartas de captación. No basta con un texto genérico copiado: hay que ajustarlo a los tratamientos reales de la entidad. La AEPD sanciona por cláusulas incompletas con frecuencia.

Capa 3: para entidades con plataformas digitales propias

Esto solo aplica si la organización tiene activos digitales propios: una web con login de socios, una intranet, un portal de gestión de proyectos, una app, una base de datos accesible desde internet, un sistema de gestión de donaciones desarrollado a medida.

Si la entidad solo usa Google Workspace, redes sociales y herramientas SaaS estándar, esta capa no aplica. El proveedor se ocupa.

Diagnóstico de exposición digital

Es una revisión externa que mira qué se ve desde fuera sin tocar nada:

  • Dominios y subdominios expuestos.
  • Certificados SSL y caducidades.
  • Configuración de email (SPF, DKIM, DMARC) — si está mal, cualquiera puede enviar correos suplantando a la organización.
  • Apariciones del dominio en bases de datos de brechas (Have I Been Pwned y similares).
  • Información sensible expuesta inadvertidamente (documentos indexados, repositorios públicos, paneles de administración accesibles).
  • Versiones de software con vulnerabilidades conocidas.

El resultado es un informe ejecutivo con semáforo —qué arreglar ya, qué arreglar pronto, qué vigilar— y suele caber en 8-12 páginas. Es un buen punto de entrada porque no requiere coordinación técnica con el equipo: se hace desde fuera.

Pentest sobre plataformas propias

Cuando hay portales, intranets o aplicaciones propias, una auditoría manual de seguridad (lo que técnicamente se llama “pentest”) busca vulnerabilidades reales: que alguien pueda ver datos de otro usuario, saltarse el login, robar la sesión de un administrador, ejecutar acciones que no debería.

El informe entregable describe cada hallazgo con pasos reproducibles, severidad y recomendación de corrección. El cliente lo pasa al desarrollador o proveedor que mantiene la plataforma y se aplican los parches. Después, retest: se verifica que las correcciones realmente funcionan.

Una entidad sin plataformas propias no lo necesita.

El orden honesto de prioridades

Si una organización del tercer sector pregunta “¿por dónde empiezo?”, la respuesta es esta secuencia:

  1. Gestor de contraseñas para todo el equipo. Mes 1.
  2. Doble factor en cuentas críticas. Mes 1.
  3. Backups de Google Workspace o Microsoft 365. Mes 2.
  4. Formación al equipo: una tarde con casos reales. Mes 2.
  5. Registro de actividades de tratamiento RGPD. Mes 3.
  6. Contratos de encargado del tratamiento con proveedores. Mes 3.
  7. Procedimiento escrito de gestión de brechas. Mes 3.
  8. Diagnóstico de exposición digital externo. Mes 4 (si hay presupuesto).
  9. Pentest sobre plataformas propias. Solo si las hay y son críticas.

Saltarse del punto 1 al punto 9 —invertir en pentest cuando el equipo todavía reutiliza contraseñas— es el patrón que más dinero malgasta y menos riesgo reduce.

Lo que no recomienda Startidea

Para cerrar, tres cosas que se venden mucho y aportan poco a una ONG mediana:

  • Antivirus de pago empresariales cuando la entidad usa Macs o cuando Windows Defender está bien configurado. El antivirus “premium” rara vez añade valor proporcional al gasto.
  • Cursos genéricos de “concienciación” sin casos del propio sector. La formación útil habla de phishings dirigidos a ONGs reales, no de teoría abstracta.
  • Plataformas all-in-one de cumplimiento RGPD caras. Para la mayoría de entidades, las plantillas oficiales de la AEPD y un par de horas de asesoría puntual valen más que una suscripción anual de cuatro cifras.

Próximo paso

Si la organización quiere una valoración honesta de en qué punto está y qué priorizaría un experto externo, Startidea ofrece una primera conversación de 30 minutos sin coste. Si el encaje tiene sentido, se propone un diagnóstico de exposición digital con presupuesto cerrado y plazos claros. Si no lo tiene, se dice también.

Escribir a hola@startidea.es o reservar slot desde la web.

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