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Cómo crear alianzas estratégicas entre ONGs (sin que muera la primera reunión)

La mayoría de las alianzas entre organizaciones del tercer sector se anuncian con foto y rueda de prensa, y se silencian al año sin resultados. Esta nota describe las cuatro condiciones reales que distinguen una alianza que produce algo de una alianza decorativa.

Mario Pablo Sánchez Barrón Fundador · Startidea ~ 8 min de lectura Para tercer sector

Las alianzas estratégicas entre organizaciones del tercer sector se anuncian habitualmente con la misma escenografía. Una rueda de prensa con dos o tres logos en la pared, dos directores firmando un documento, un cóctel de presentación con prensa local invitada. A los seis meses, la alianza ha producido un comunicado conjunto. Al año, las dos organizaciones siguen operando exactamente como antes y la alianza es una nota al pie en la memoria anual.

Esto no es accidente. Es la consecuencia previsible de cómo se diseñan la mayoría de las alianzas: como gestos institucionales sin compromiso operativo. Las pocas alianzas que sí producen algo (programas conjuntos, incidencia política con peso real, fundraising compartido) cumplen cuatro condiciones que la mayoría salta. Esta nota es sobre esas cuatro condiciones.

El test honesto antes de empezar

Antes de cualquier reunión formal entre dos organizaciones, la pregunta que cada una debería contestar internamente es esta: ¿qué cosa concreta no podemos hacer solos y necesitamos para hacerlo? Si la respuesta es vaga (“sumar fuerzas”, “tener más impacto”, “estar más presentes”), la alianza va a morir. Si la respuesta es concreta (“acceder a comunidades rurales donde la otra organización opera desde hace veinte años”, “complementar nuestro programa de empleo con su programa de vivienda”, “presentarnos juntas a una convocatoria que pide entidades en consorcio”), la alianza tiene una posibilidad.

La diferencia entre alianzas decorativas y alianzas que producen está en que las primeras se inician para dar señal pública (“trabajamos en red”) y las segundas se inician para resolver un problema concreto.

Condición 1 — Asimetría reconocida

Las alianzas entre iguales son las más cómodas y las que peor funcionan. Si las dos organizaciones son del mismo tamaño, hacen lo mismo y operan en el mismo territorio, lo más probable es que terminen compitiendo por los mismos donantes, los mismos voluntarios y la misma prensa. Una alianza entre iguales se sostiene en buenas intenciones y se rompe a la primera fricción presupuestaria.

Las alianzas productivas casi siempre tienen asimetría reconocida: cada organización aporta algo que la otra no tiene y reconoce abiertamente la diferencia. Asimetrías típicas que funcionan:

  • Tamaño diferente: una grande aporta presencia institucional, una pequeña aporta cercanía territorial.
  • Especialización complementaria: una sabe captar fondos, otra sabe ejecutar programas.
  • Geografía: una opera en territorio rural, otra en territorio urbano del mismo problema.
  • Etapa vital del beneficiario: una atiende a infancia, otra a juventud, otra a vida adulta — y juntas pueden seguir a las personas a lo largo del tiempo.

Lo importante es que la asimetría se hable explícitamente al inicio. Si la organización pequeña pretende ser tratada como la grande, o la grande pretende absorber a la pequeña sin reconocerlo, la alianza se rompe. La frase que conviene decir en alto en la primera reunión: “tú aportas X que no tenemos, nosotros aportamos Y que tú no tienes, y los dos lo sabemos”.

Condición 2 — Un proyecto concreto, no un marco

Las alianzas que arrancan firmando un convenio marco general suelen no producir nada. El convenio marco es un documento sin obligaciones operativas que sirve para la foto. Lo que sí produce son las alianzas que arrancan con un proyecto concreto.

La estructura recomendable es invertir el orden tradicional:

  • Mes 1-3: dos organizaciones identifican un proyecto específico que pueden ejecutar juntas y diseñan los detalles (objetivos, presupuesto, calendario, persona responsable en cada organización).
  • Mes 4: firman un acuerdo de proyecto, no un convenio marco. El acuerdo tiene fecha de inicio y de fin, presupuesto, indicadores y mecanismo de revisión.
  • Mes 5-18: ejecutan el proyecto. Las dos personas responsables se reúnen mensualmente. Si hay problemas operativos, se resuelven antes de que escalen.
  • Mes 19-24: evalúan el proyecto y deciden si renuevan, si lanzan un segundo proyecto o si la colaboración termina.

Solo después de uno o dos proyectos exitosos tiene sentido firmar un convenio marco. Y entonces el marco no es un documento de intenciones: es un acuerdo entre dos organizaciones que ya saben trabajar juntas.

Condición 3 — Persona responsable, no organización responsable

Las alianzas mueren cuando son responsabilidad de “la organización” en abstracto. Sin una persona física con nombre y apellidos en cada organización responsable de la alianza concreta, la alianza se diluye en las prioridades del día a día.

La persona responsable de la alianza tiene tres funciones específicas:

  • Es el interlocutor único con la persona responsable en la otra organización. No hay cinco emails con cinco personas distintas: hay una conversación entre dos.
  • Mantiene el calendario de revisión: convoca las reuniones, prepara las agendas, escribe los acuerdos.
  • Levanta la mano cuando algo no funciona: la persona responsable es la que dice abiertamente “esto no está produciendo lo que esperábamos, hay que hablarlo” antes de que la alianza se pudra en silencio.

En una organización pequeña, la persona responsable puede ser la propia directora. En una mediana, suele ser un responsable de programa o de alianzas. En una grande, puede ser un cargo específico (alianzas estratégicas o partnerships). Lo importante es que en cada organización haya uno, no tres.

Condición 4 — Métrica común acordada de antemano

Las alianzas que se evalúan al final con criterios diferentes en cada organización casi siempre acaban en desacuerdo. La organización A dice “hemos generado mucho impacto”, la organización B dice “esto no ha producido lo que esperábamos”, y ninguna de las dos tiene datos comparables para defender su posición.

La métrica común se acuerda antes de empezar la alianza. Concretamente:

  • Qué se considera éxito. Por ejemplo: “30 personas atendidas conjuntamente por los dos programas en 12 meses, con un seguimiento a los 6 meses post-intervención”.
  • Cómo se mide y quién recoge el dato. No vale “lo medirán las dos organizaciones”: tiene que estar claro quién recoge cada dato y cómo se consolidan.
  • Qué pasa si no se alcanza el objetivo. ¿Se renueva con cambios? ¿Se cierra la alianza sin culpas? ¿Se reasignan recursos a otra cosa? Tener la conversación al inicio evita la herida cuando llega el momento.

La métrica común no garantiza éxito. Pero sí garantiza que las dos organizaciones tendrán una conversación basada en datos cuando llegue el momento de evaluar, en lugar de una conversación basada en percepciones.

Tipos de alianzas según el problema

Para una organización que está empezando a explorar alianzas, conviene identificar primero el tipo de alianza que necesita. Hay cuatro categorías habituales:

  • Alianza de ejecución: dos organizaciones ejecutan juntas un programa porque ninguna puede sola. Es la alianza más operativa y la más medible.
  • Alianza de incidencia política: varias organizaciones se coordinan para empujar un cambio legal o regulatorio. Es la que más visibilidad pública produce y la más lenta en resultados.
  • Alianza de fundraising: dos organizaciones se presentan juntas a una convocatoria que pide consorcios o aprovechan la captación cruzada de bases de donantes.
  • Alianza de aprendizaje: dos organizaciones comparten conocimiento, formación o sistemas (CRM, evaluación de impacto, comunicación) sin proyecto compartido. Es la alianza con menos compromiso y más sostenible en el tiempo.

Cada tipo requiere una estructura distinta. Una alianza de aprendizaje puede sostenerse con reuniones trimestrales informales. Una alianza de ejecución necesita un equipo conjunto con dedicación específica. Confundir los tipos es el primer error: pretender que una alianza de aprendizaje produzca resultados de ejecución, o pretender que una alianza de ejecución se sostenga sin recursos asignados.

Casos donde una alianza es la respuesta equivocada

Hay tres situaciones en las que una alianza estratégica entre ONGs no es la respuesta a buscar:

  1. Cuando la organización tiene un problema interno sin resolver. Si la captación de fondos no funciona, si el equipo está agotado o si la junta directiva no funciona, una alianza añade complejidad pero no resuelve la causa. Mejor resolver la causa primero.
  2. Cuando la motivación es “estar más presentes en redes”. La presencia institucional se construye con trayectoria propia, no con una foto compartida con otra organización.
  3. Cuando hay competencia real por los mismos recursos. Si las dos organizaciones se presentan a las mismas convocatorias y captan a los mismos donantes, una alianza puede acabar perjudicando a las dos. Mejor pacto de no-competencia que alianza fingida.

Cierre

Las alianzas estratégicas funcionan cuando se diseñan con la misma seriedad con la que se diseña un programa propio. Eso significa: problema concreto, asimetría reconocida, persona responsable, métrica acordada y plazo definido. Las alianzas que arrancan con un convenio marco general, una foto y una rueda de prensa, casi nunca producen lo que prometen.

Para una fundación o asociación que está pensando una alianza importante, la pregunta más útil al inicio es la más incómoda: “si esta alianza termina sin producir nada en doce meses, ¿qué habremos perdido cada uno?”. Si la respuesta es “nada porque era solo una foto”, la alianza no merece el tiempo. Si la respuesta tiene contenido (recursos invertidos, oportunidades dejadas pasar, credibilidad ante donantes), entonces hay incentivo real para que las dos organizaciones se tomen la alianza en serio.

Startidea acompaña en el diseño de alianzas cuando las organizaciones lo solicitan. El servicio típico incluye facilitación de las reuniones iniciales, diseño del acuerdo de proyecto, revisiones trimestrales y evaluación final. No produce alianzas: produce condiciones para que las que se firman cumplan con lo que prometen.

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